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Professor del curs: Lara Moreno

Més informació

¿No es el narrador la primera decisión que hay que tomar al afrontar la construcción de una historia, o de una confesión, o de una crónica? Quizá la decisión más importante. El narrador lo contiene todo: diseña la distancia y el espacio, condiciona por tanto el tiempo (desde dónde se habla) y la atmósfera (cuánto aire nos queda para respirar).

Se puede empezar por el yo. ¿No se empieza siempre por ahí? ¿No se acaba llegando siempre ahí? Narrador en primera persona. El yo narrativo. El yo que es el otro. El otro arrastrado hacia el yo, transmutado en el yo, lo ajeno personificado, intimidado, construido desde la nada y desde el todo, es decir desde la primera persona: la máscara.

Pero el narrador puede desembocar en la omnisciencia, al fin y al cabo saberlo todo es una cuestión de vísceras e imaginación. Se puede ir más lejos aún: se puede hacer trampas y ser un narrador testigo, subjetivo, lleno de desconocimiento, ciego. El yo no es el único atrevimiento narrativo: los límites están en la oscuridad; de la memoria a la invención, de la emoción al silencio. La primera persona mancha. Las demás te dan la distancia de francotirador. El reto es calibrar la distancia entre la carne y la armadura.

Descripció

¿No es el narrador la primera decisión que hay que tomar al afrontar la construcción de una historia, o de una confesión, o de una crónica? Quizá la decisión más importante. El narrador lo contiene todo: diseña la distancia y el espacio, condiciona por tanto el tiempo (desde dónde se habla) y la atmósfera (cuánto aire nos queda para respirar).

Se puede empezar por el yo. ¿No se empieza siempre por ahí? ¿No se acaba llegando siempre ahí? Narrador en primera persona. El yo narrativo. El yo que es el otro. El otro arrastrado hacia el yo, transmutado en el yo, lo ajeno personificado, intimidado, construido desde la nada y desde el todo, es decir desde la primera persona: la máscara.

Pero el narrador puede desembocar en la omnisciencia, al fin y al cabo saberlo todo es una cuestión de vísceras e imaginación. Se puede ir más lejos aún: se puede hacer trampas y ser un narrador testigo, subjetivo, lleno de desconocimiento, ciego. El yo no es el único atrevimiento narrativo: los límites están en la oscuridad; de la memoria a la invención, de la emoción al silencio. La primera persona mancha. Las demás te dan la distancia de francotirador. El reto es calibrar la distancia entre la carne y la armadura.

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